Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.
Resumen
- 12/03/2007 20:56 - Huella
- 12/03/2007 21:08 - Jardín Interior
- 12/03/2007 21:11 - Un sanpai que vale una vida
- 12/03/2007 21:14 - Cine Forum 11 FEB 2007
- 20/03/2007 12:29 - SEMINARIO EL PODER DEL VACÍO (Tosos 9 al 11 de marzo 2007)
Huella
(Al maestro Dokushô)
Llegaste ligero
y te posaste,
sin ruido,
en mis aguas tranquilas.
Tu vuelo rasante,
las removió.
Comenzaron a moverse,
a formar minúsculas olas,
que entretejían resplandores.
Al final tus alas
tocaron mis aguas
y sentí ser.
Y te posaste en mí.
Y sentí tu hotsu
en mi espalda.
Era la señal.
La huella en mi corazón.
(Agustín Vázquez)
Jardín Interior
PEQUEÑAS COSAS
(A Mar y Miguel con un cariño muy especial)
Todo empezó
en el umbral
de aquella tarde serena.
Donde la dulzura
tocó mi corazón inquieto
y remansado,
que devolvió
al guerrero escondido.
Descubrí la belleza,
y un jardín precioso.
Allí comencé,
y allí permanezco,
para despertar a la hermosura
de ese jardín interior.
Allí el corazón me habla.
No me importa
lo que recorre.
Sólo que camina.
Porque ser
es vivir...
Es morir.
(Agustín Vázquez)
Un sanpai que vale una vida
Comparto con vosotros la experiencia vivida en la sesshin de otoño en Luz Serena.
11 al 15 de octubre de 2006.
Hacia el atardecer del día 11 de octubre —cuando el otoño aparecía tímidamente con sus colores diversos y brillantes—, Luz Serena se volvió a llenar de personas interesadas en la vía. Procedentes de diversos lugares nos encontramos allí cada uno con nuestras inquietudes, sensaciones y sentimientos, pero con un mismo espíritu de encontrar los tres tesoros para asimilarlos y unificarlos a nuestras vidas.
La mirada interior serena y consciente fue penetrando poco a poco. En el silencio cómplice la paz guerrera iba invadiendo nuestros corazones el cual iba asentando las bases iniciales para la búsqueda y la doma del buey.
El zazen hacía su trabajo poco a poco. Respiración a respiración. Después se manifestaba como una unidad en la ceremonia. Allí el Hannia Haramita se expresaba de una manera singular. Las expresiones corporales y la grandeza se hacían presentes: ¡Vibraban!
A la hora de la comida: los oryoki. Entre el silencio surgía la armonía y la belleza. Sólo sonaba la música de las claquetas que se unía en una sinfonía con los sonidos tercos y torpes de los cubiertos y los cuencos. Entre ellos la voz rigurosa del instructor que daba las indicaciones para que no hubiera ninguna situación embarazosa, aunque alguna sí que se dio entre las sonrisas respetuosas —pero cómplices—, de los compañeros de servicio.
En el samu, el trabajo consciente se iba concibiendo, azada a azada, rastrillada a rastrillada, fregona a fregona, sin olvidar a los compañeros de la cocina que en su labor callada se reflejaba el trabajo diario de toda una Sangha.
A la hora del descanso nocturno todo se iba agregando poco a poco, para reencontrarnos con nosotros mismos —¡una vez más!—, y así ordenar todo lo que había sido el día. Era como recoger todas las experiencias vividas para unirlas e integrarlas y así dormir en meditación: zazen, los teisho, el samu, los oryoki….
Han sido experiencias conmovedoras…, pero estaba por venir lo mejor. El día de la gran experiencia que a todos nos tocó vivir: el gran sampai.
La víspera de la conclusión de la sesshin, Sensei le impuso el rakusu al practicante Rodrigo —residente en el templo—. Fue un momento sencillo y de emoción, pero fue al día siguiente cuando se manifestaría.
La sesshin estaba a punto de concluir. Después del Mondo Sensei dijo:
—Empezamos la conclusión de la sesshin. Igual que el primer día la iniciamos con un círculo de corazones, la vamos a concluir igual. Esto no es un debate, sino una manera de dejar hablar al corazón y que cada uno lo deje expresar.
Después de algunas intervenciones pidió la palabra Rodrigo. Desde su timidez las palabras iban fluyendo y calando en el corazón de cada uno como una lluvia de néctar celeste. En aquellas palabras al Sensei que salían tímidas y firmes de su corazón nos sentíamos unidos a él. Eran palabras de agradecimiento por la ayuda que le había dado para transformar su vida. Sensei lo miraba con extrema atención. La timidez de Rodrigo le impedía levantar los ojos. Su mirada estaba en el centro del dojo. En un momento extrajo debajo de su rakusu un poema que había escrito para manifestar al maestro su agradecimiento y quiso que la Sangha fuera testigo de ello. Cuando terminó de leerla se levantó y se situó delante de Sensei —ahora sí que estaba frente a frente: maestro a discípulo—, y le dijo: «Sensei no me salen las palabras para agradecerte lo que has hecho por mí, te voy hacer sampai porque te lo mereces». En ese momento los corazones de todos nosotros estaban vibrando. Con una atención sublime Rodrigo empezó a hacer sampai. Todos —en nuestro interior— lo estábamos haciendo con él. El maestro lo miraba con profunda satisfacción. Con sus manos en gasshô, recibió aquel sampai sincero y emocionado: una..., dos…, y tres veces: ¡los tres grandes tesoros! Cuando Rodrigo terminó, se retiro a su lugar. Sensei afirmó: «Esta es la flor de loto que surge del fango».
La emoción de aquella experiencia nos embriagó a todos. Allí se hizo presente: la Sangha está viva.
La experiencia que acababa de vivir resumía —para mí— toda la sesshin.
He visto por primera vez,
la otra cara de la luna.
¡Qué maravilla!
(Agustín Vázquez Caruncho)
Cine Forum 11 FEB 2007
El domingo 11 de febrero teníamos una cita en el dojo para una nueva sesión de cine-forum.
En esta ocasión estaba previsto proyectar “Sabiduría garantizada” pero por “problemillas técnicos” no pudo ser y se sustituyó por “Hero” una película china de 2002 dirigida por Zhang Yimou.
Era la primera vez que participaba en esta actividad. En alguna otra ocasión, egoístamente, recibía la información, conseguía “por mis medios” la peli y la disfrutaba sin compartirla. En esta ocasión no fue así; afortunadamente, pues tan hermosa fue la película como el generoso intercambio (de sensaciones, opiniones…) posterior a ella.
La película es de una belleza extrema. Cuidada en sus más mínimos detalles. Visualmente está contada como una sucesión graduada de coreografías. Marcada cada una de ellas con un color dominante que como en las fases de la alquimia va añadiendo su carga de significado (el rojo p. ej.: celos, pasión intrigas, pasillos laberínticos…)
Si bien es verdad que a algunos de nosotros nos pudo llegar a cansar que se recreara tanto en escenas de lucha y batallas. Pero es que esta es una película de “ciencias marciales” y como tal a algunos les despertó su rechazo a la violencia. Sin embargo el objetivo de la historia que se cuenta, según su director, es acabar con la violencia. Sus personajes viven motivados por el deseo de que se acabe la guerra.
Es también un drama épico y como toda leyenda, también esta conecta los arquetipos.
Puede contemplarse desde diversos planos y así fue interpretada.
- Desde la anécdota histórica que narra (magistralmente) las vicisitudes de la unificación china.
- Desde el plano político-social: las luchas de poder. El papel de las masas siguiendo ciegamente a un líder. El predominio de la ley. ¿Hasta que punto el fin justifica los medios?
- Desde la estructura psíquica, interpretándolo como las luchas internas. El deseo o necesidad de dar muerte (o dejar que prevalezca) al “rey interno”, eje interior en torno al cual todo gira y debe unificarse.
El mundo externo, tangible, como metáfora del interno, intangible.
Cada uno compartió con el resto la escena, secuencia, plano que le había impactado o quería destacar; o su reflexión en torno a una película llena de metáforas y contenidos simbólicos:
- la caída de los velos.
- la impecabilidad del maestro de caligrafía y sus discípulos, imperturbables ante las nubes de flechas. Llegando incluso a utilizar en alguna ocasión las “flechas del enemigo” a modo de pinceles para su propia tarea, realizada con total atención y máxima precisión.
- la toma de conciencia por parte del rey del significado de la caligrafía (en un momento de máxima vulnerabilidad, a 10 pasos de su asesino, de espaldas a este y habiéndole entregado el arma).
- todos los personajes, en un momento dado, están dispuestos a morir. Se entregan incondicionalmente a la muerte, dispuestos a RECIBIR, actitud también necesaria ante la vida.
Esto generó uno de los núcleos en torno a los cuales se desarrolló el debate.
* Se habló de vida enfrentada / unida a la muerte. La película así, fue vista como una alegoría de la vida y la muerte y la forma de enfrentarse a ello.
* Se habló de sacrificio, quizá absurdo, en aras de un “supuesto bien” o de “ideales políticos” de nuevo el tema del fin justificando los medios.
* Se interpretó, no como muerte en sentido literal, sino como un entregarse a la vida “sin coraza” a “pecho descubierto” no temiendo a la propia vulnerabilidad. No temo ser herido (en una relación de pareja p. ej.)
Al hilo de todo esto, alguien introdujo una reflexión sobre la eutanasia.
Existe, por supuesto, una muerte física, pero también una muerte psíquica, una muerte social. Se habló de la muerte del ego…
No me queda ya sino recomendar, como no, esta obra de arte sugerente y profundamente capaz de conectar con contenidos psíquicos. De lo que en la tertulia se habló, no me siento capaz de reproducir más de lo que hasta aquí he hecho sin miedo a quizá modificarlo. Sólo añadir que me encantó que no fuera la típica tertulia “intelectual” donde tanto gusta escucharse a uno mismo, sino, por el contrario, que se hablara desde el corazón. Así pues, aprovecho para dar a todos ellos las gracias.
(Carmen Sauras)
SEMINARIO EL PODER DEL VACÍO (Tosos 9 al 11 de marzo 2007)

Cuando iniciamos el camino hacia el lugar dónde iba a realizarse el seminario sobre “El poder del vacío”, vinieron a mi mente muchas cosas. A medida que los kilómetros se los iba tragando el coche, recordé aquella imagen, del día anterior, en la que durante la conferencia de Sensei Dokushô, una rosa roja preciosa —perfectamente abierta en la cúspide de su floración— en un momento un pétalo se deshojó de ella y cayó hacía el suelo…
Entre el silencioso rugido del aire, y la alegría de mis compañeros de viaje, llegamos a Tosos, un pueblo pequeño a setenta y cuatro kilómetros de Zaragoza. El paisaje anterior era árido. En un instante la carretera que nos conducía al pueblo se introdujo en medio de un bosque lleno de pinares de repoblación. Era como una serpiente de asfalto que parecía adivinar el gran tema del seminario. La tarde de la inauguración nos regaló un sol brillante y primaveral, y su noche un cielo limpio que nos envolvía con sus incontables estrellas cuando íbamos a iniciar el seminario con el círculo de corazones.
Los encuentros previos se produjeron. Antiguos compañeros que hacía tiempo que no se veían; practicantes de la vía que se habían relajado; otros que por situación geográfica lo hacían solos, y algunos más que querían conocer a Sensei Dokushô. Otros venían empujados por algo que sabían que les iba a transformar su vida.
Los participantes se iban encadenando unos con otros, y la conexión se iba transformando en una red de ilusiones y vivencias, que en la cena se entretejieron y se terminaron de hilvanar con el primer círculo de corazones.
Las instrucciones y el cansancio del día nos llevaron al descanso.
Al día siguiente comenzaron las enseñanzas de Sensei.
KAN JÎ ZAI BÔ SATSU…
La experiencia de despertar es una experiencia de apertura, no de encerrarse en sí mismo...
Así comenzó el seminario. Y poco a poco Sensei nos fue introduciendo en el concepto de la vacuidad. La realización de la vacuidad no es una concentración mental, ni una ficción de la mente, es una experiencia vivida con el cuerpo en su totalidad.
Fue escudriñando el MAKA HANNIA HARAMITA SHINGYO. Frase a frase, palabra a palabra, fonema a fonema. Para que la comprensión fuera limpia y así meternos en la experiencia de este Sutra.
Las fuerzas que se establecieron en aquella sala se introdujeron por nuestros cuerpos. A unos de una forma; a otros de otra, pero lo que es cierto que a ninguno de los que estábamos allí el Hannia Haramita nos dejó indiferente. La penetración de las enseñanzas a lo largo del día fueron calando en nuestro ser como la lluvia dulce y suave penetra en las plantas y en los árboles. Así penetraría en el jardín de nuestro interior, para disponer los elementos necesarios y se pusiera en marcha el laboratorio de la conciencia, la factoría de la luz para dirigirse hacia ella y percibirla sin ninguna obtención……saber escucharla y darse cuenta.
El día terminó con zazen. Allí respiración a respiración en el laboratorio se plasmaba el
YIÂTE YIÂTE. HÂRÂ YIÂTE.
HARA SÔ YIÂ TE.
BÔYI SOUA KÂ.
Juntos, todos juntos vamos juntos no hay otra forma de ir, porque todos estamos juntos.
Al día siguiente Sensei nos enseñó, cuál era la puerta, dónde tenía la cerradura y nos dio la llave para poder abrirla y practicar así la experiencia de la vacuidad.
El círculo de corazones fue el broche de oro del seminario: las vivencias surgidas en los dos días, las emociones y los agradecimientos se posaron en medio de aquel círculo que vibraba. El sol también quería estar presente y se coló como un hilo de luz entre las rendijas de las persianas. La expresión de la unidad en una sonrisa común, donde el Buda, el Dharma y la Sangha se mostraron en una única voz, en un sentir único, que se proyectó en la ceremonia de conclusión.
El gasshô final fue una extensión del último mensaje de Sensei Todos estamos unidos en la Mente Única.
Agustín Vázquez
