El Jardinero

Sesshin con Denkô sensei
en Aluenda (Zaragoza) del 26 al 28 Octubre 2007

EL JARDINERO

Cuando la luna apareció con todo su esplendor entre el espacio que dejaban unos pinos frondosos, la maravilla del Universo se realizó una vez más. Fue el momento en que nos dirigiamos hacia el dojo donde nos íbamos a encontrar todos los participantes en la sesshin en el circulo de corazones inicial.

Después de un fin de semana intenso, todos nos dispersamos. Unos volvieron con más rapidez; otros con menos. Yo volví solo. Cuando llevaba un par de kilómetros de camino a casa sentí una sensación muy especial que antes no había vivido. Percibí durante el trayecto que el coche, la carretera y yo éramos una misma cosa. Un universo que inspirábamos y espirábamos en un sentido único: éramos lo mismo. La velocidad del coche, de la inspiración y de la espiración consciente me llevó a un estado de presencia que nunca antes había experimentado. Sentí que era coche…, que era velocidad..., que era inspiración..., que era espiración. Viví una sensación diferente.

En otro lugar el maestro y los instructores, mientras esperaban al tren, se encontraban en la FONDA DE LOS ÁNGELES, tomándose un café a la vez que véian por la televisión la noticia de la consecución del notorio arraigo del budismo.

Todo empezó el jueves 25 de Octubre. Teniendo como testigos las ruinas del Teatro Romano de Zaragoza, Denkô sensei expuso en una conferencia los fundamentos del budismo zen en una charla cuyo título era "La práctica de lo cotidiano". La sala estaba casi llena, y en un ambiente relajado, poco a poco, fue explicando cómo a través del cultivo de la atención se desarrolla la capacidad de autoconciencia para encontrar el eje justo. Con su acento canario tan melódico y placentero, el auditorio se quedó extasiado de cómo el Dharma se expresaba de una forma tan cálida a la vez que tajante. Fue el preludio de lo que íbamos a vivir horas más tarde.

Al día siguiente antes de trasladarnos al lugar donde íbamos a desarrollar la sesshin, comenzamos la jornada haciendo zazen con motivo de que Televisión Española venía a grabar unas imágenes en el dojo para testimoniar la consecución del «notorio arraigo del budismo español». Era un día importante porque el testimonio del budismo (con todas sus escuelas) iba a quedar reflejado de una manera patente.


Al inicio de lattarde nos desplazamos al lugar de la sesshin: Aluenda. Un pueblecito cerca de Zaragoza.
Para la Sangha de Zaragoza la visita de Denkô sensei fue muy enriquecedora. Tanto para el maestro, para los instructores, como para los practicantes. Cada uno por diferentes motivos, pero que confluyeron en un mismo sentir. Era como los diversos riachuelos que bajan de las montañas. Unos llevan más agua que otros, pero todos nos juntamos en un gran río para realizar el viaje hacia el océano. Ese trayecto fue muy rico. Las condiciones se dieron: una impresionante luna llena nos acompañó al inicio de la sesshin.

Para Denkô sensei (en sus palabras), «era importante ya que era un círculo que se cerraba —después de ir durante año y medio por los centros urbanos de la comunidad—, y precisamente en Zaragoza. Por el cariño que profesaba a los instructores Mar y Miguel después de tantos años juntos. Para los instructores porque disfrutaron como el Dharma expuesto por el maestro respiraba frescura, calidad y belleza por todos los poros de su piel; y para los practicantes porque escuchábamos el Dharma donde el linaje se hacía visible, y como la vía del Buda, desde Shakyamuni Gautama hasta Denkô sensei, se actualizaba en un pueblecito lleno de almendros.

El maestro vino con las herramientas. Nos mostró el jardín. Nos enseñó a cuidarlo.Un jardín que tenemos descuidado, y por eso han surgido las malas hierbas; las pisadas que han maltratado las flores y los arbustos, así como las plantas que no han sido regadas… Pero el jardinero nos muestra que no hay que echarle la culpa a nadie, porque para mantener el jardín bello se necesita perseverancia y entrega total para que la belleza se manifieste por sí sola. Por ello es nuestra responsabilidad de que ese jardín esté limpio de malas hierbas, de que las flores más bellas lleven su proceso natural. Esa es la vigilancia que tenemos que hacer. El maestro es el jardinero que nos ayudará a mantener ese jardín bello para que las malas hierbas no se coman a las bellas flores; y para que los arbustos crezcan rectos mirando hacia el cielo donde el Universo se hace visible. Si el jardín está ordenado nos llevará a un instante de conciencia.

En el círculo de corazones final cada uno expuso, a su manera, el estado de su jardín. Los corazones se expresaban donde las emociones y las palabras se expandían. A veces las palabras no expresaban, ni eran capaces de decir lo que el corazón sentía, pero esto también forma parte de la práctica. Por eso en algunas ocasiones cuando el corazón se funde con las palabras en un solo ser, surge la experiencia profunda como el caso del testimonio de Antonio Ballano que resumió en un poema:

"Entre el apego y el rechazo,
mi respiración navega dulcemente
hacia la limpia claridad
de la luna llena"

Esto me trae un recuerdo…
Por ello concluyo esta crónica con aquellas palabras que Denkô sensei le dijo al maestro Dokushô en la Hossen Shiki: «El agua de los ríos fluye de retorno al océano original». A lo que el maestro respondió: «¡Qué maravilla! ¡Qué maravilla!»

Eso. ¡Qué maravilla!
13/11/2007 09:49 Autor: Agustín. Enlace permanente.

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