EL AROMA DEL KESA

20070513213952-kesa-abril-027.jpg

EL AROMA DEL KESA

 

Los ladridos del perro vecino comenzaron amenizando la introducción a la costura del Kesa, pero la voz cadenciosa y clara de Mar los fue acallando como si entendiera el símbolo del espíritu del Kesa: el hábito de la entrega y de la liberación. Las palabras fluidas de Mar nos situaban en el punto exacto de partida hacia la inmersión de la costura del Kesa: «La costura del Kesa ha sido transmitida a lo largo del gran linaje y ha llegado hasta nosotros de una forma concreta. La costura, la actitud y la forma de vestir del Kesa es objeto de veneración y estudio en nuestra comunidad. Es una herramienta y símbolo de transformación espiritual, así como testigo de la liberación del Buda. Es la expresión máxima del bodhisatva».

 

Al día siguiente comenzamos la jornada. La disposición de espíritu se reflejó en la ceremonia que creó una actitud justa. El silencio y el recogimiento bañado con el aroma del incienso sagrado que nos fue entregado —tres gotas de polvo—, contrastaba con el sonido de la lluvia que golpeaba los cristales, con una inclinación en gasshô cayeron en nuestras manos para después olerlo; su perfume embriagó todo nuestro ser. Al mismo tiempo que penetraba interiormente hasta la parte más íntima de nuestro corazón, nos rociamos nuestro cuerpo como en un acto de unión con los Tres Tesoros: Budha, Dharma y Sangha. Ello nos incitaba a unificar la costura en una práctica de purificación antes de comenzar a coser el hábito del Buda.

 

Poco a poco cada uno se introdujo en su propio ser. Las miradas cómplices se transformaban unas veces en una sonrisa y otras en impotencia. Las «nuevas tecnologías» había que asimilarlas. Las tijeras no obedecían el camino trazado; la regla bailaba las medidas: los centímetros se volvían a veces milímetros y éstos se enlazaban con aquellos haciendo un baile de números. La aguja tan fina y sensible se introducía en la tela haciendo el camino de los arrozales. La atención era suma. La respiración de cada puntada se compendiaba en el camino del Dharma. En aquellas puntadas estaba concentrada toda la esencia de la vía, toda la magnificencia de la comunidad, y todas las enseñanzas que siglo tras siglo convergían en aquel instante.

La tela expandida sobre la mesa reflejaba en cada uno una situación diferente. Las diversas texturas y gamas de colores expresaban nuestra verdadera realidad. Íbamos penetrando de una manera singular en el desmembramiento de nuestro interior con las tijeras que cortaban nuestras ilusiones para después juntar las piezas e hilvanarlas a través de las puntadas. No sin antes observar que el hilo que entretejía los trozos de tela se desprendía, la cual volvíamos a enhebrar para seguir en el proceso de descubrir nuestra propia naturaleza.

Coser el Kesa es un proceso de vivencia; de retrospección hacia uno mismo. Se comprenden muchas cosas: corte a corte, puntada a puntada, respiración a respiración, donde ves tus contradicciones desde tu riqueza interior y comprendes que los Tres Tesoros son la vida intensa que el corazón te hace comprender la conciencia que hay en ti: todos tenemos la misma naturaleza.

 

El círculo de corazones, preámbulo del fin de la sesshin, mostró en un acto de sinceridad —que sólo se puede dar en la Shanga—, un abanico de frustraciones, logros, sentimientos y realidades que solo se transmiten de corazón a corazón: el Kesa es el aroma del Buda, del Dharma y de la Shanga.

  Agustín Vázquez Caruncho
13/05/2007 21:40 Autor: Agustín Vázquez. Enlace permanente.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario




No será mostrado.






Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]